SU

EÑOS HISTÓRICOS

 

 

 

 

 

 

 

Existen numerosos testimonios de soñadores de todas las épocas, que cuentan cómo a través de un sueño, les llegó la  respuesta o la inspiración creativa que andaban buscando, o cómo un sueño les advirtió sobre  algún peligro inminente. La mayoría de estos sueños se corresponden con etapas decisivas de la historia y personajes ilustres que abarcan todos los campos: sueños bíblicos y religiosos, sueños de grandes estrategas militares, de músicos, artistas, creativos y escritores, de modernos científicos, de inventores y, en suma, de personas que dejaron constancia de la importancia que un sueño, especialmente significativo, tuvo en su vida.

Realizamos un recorrido por el tiempo, relacionando algunos de los más destacados.

 

El sueño de Nabucodonosor

Soñó Nabucodonosor, rey de Babilonia, que se encontraba frente a una estatua gigantesca que tenía la cabeza de oro, el pecho y los brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce, las piernas de hierro y los pies de barro. De pronto, una piedra cayó sobre los pies de la estatua y ésta se desplomó haciéndose pedazos.

Preocupado por el sueño, el rey pidió ayuda al profeta Daniel para interpretarlo, y Daniel vio en la estatua la advertencia del incierto futuro y decadencia del gran imperio babilónico, pues aunque en ese momento se mantenía con todo su esplendor -cabeza de oro-, iría sin embargo, perdiendo fuerza y debilitándose en sucesivas generaciones, hasta llegar a la fragilidad de unos pies de barro que, fácilmente, se quebrarían a la primera contingencia.

 

El sueño de Calpurnia

En su palacio de Roma, Calpurnia -esposa de Julio Cesar- tuvo un sueño que presagiaba el trágico final del Emperador. Soñó Calpurnia -según relata el historiador Tácito- que se derrumbaba el techo de su dormitorio y que la puerta se abría de golpe, después se vio a si misma sosteniendo entre sus brazos, el cuerpo ensangrentado y ya sin vida de su marido. Alertada por su sueño rogó a Cesar que no acudiese ese día al Senado, pero él no prestó atención a las súplicas de su mujer, aquel día se conmemoraba una  fecha importante y su presencia era obligada. Unas horas después Cesar, víctima de una conspiración, fue asesinado a puñaladas por su ahijado Bruto ante el pueblo y su séquito.

 

 

El sueño de Alejandro Magno

Alejandro Magno -rey de Macedonia- tuvo un sueño simbólico que resultó decisivo para culminar su victoria sobre la ciudad fenicia de Tiro, sometida a varios meses de infructuoso asedio. Tiro ofrecía una fuerte resistencia y Alejandro pensó en desistir de su empeño, pero cuando ya había decidido ordenar la retirada, tuvo un sueño en el que aparecía un sátiro frente a él que se inclinaba a modo de reverencia. Su intérprete de sueños -Aristandro- que le acompañaba en las contiendas, al ser consultado le indicó que este mítico personaje bien podía representar un juego de palabras: sátiro equivalía a “Sa-Tyros” que significaba “Tiro es tuya”. Alejandro animado por esta interpretación, planeó un nuevo y estratégico ataque que resultó definitivo para conquistar la ciudad.

  

El sueño de Dante Aliguieri

Dante fue una de esas personas privilegiadas que, a través de los sueños, supo conectar con la sabiduría que almacena el inconsciente. La inspiración para su obra “La Divina Comedia” en la que acompañado de su amada Beatriz recorre las esferas celestes del Paraíso, visita también el Purgatorio y baja hasta lo más profundo de los Infiernos, le llegó, según su propio testimonio, a través de un sueño que tuvo en Viernes Santo.

Tras la muerte de Dante, se descubrió que se había extraviado una parte importante del preciado manuscrito. Parte que no apareció hasta que su hijo tuvo un sueño en el que aparecía el propio Dante y le indicaba como encontrarlo.  

 

 

El sueño de Maria Antonieta

Días antes de ser decapitada, María Antonieta tuvo un sueño que la hizo despertar sobresaltada, en él se veía a si misma apoyada en una columna y frente a ella se alzaba un muro. Sobre el muro aparecía una luz rojiza que iba aumentando en intensidad, parecía fuego, pero se trataba de un sol que emergía con fuerza, una esfera totalmente roja que emitía ardientes rayos, y dejaba a su paso todo tintado de ese color.

Parece lógico que ante el conocimiento de su próxima ejecución, la reina tuviese sueños angustiosos, pero lo curioso de éste, es la aparición del sol -símbolo de energía vital-, un sol que pierde su aspecto habitual y se vuelve rojo, cómo si fuera cargado de sangre que va derramando en forma de rayos. También el muro que se interpone entre el sol y la columna donde ella se apoya, parece simbolizar la separación entre su cuerpo (columna) y su cabeza (sol).

 

 

El sueño de Federico II -el Grande- y Napoleón

Federico II de Prusia, apodado El Grande (1712-1786), hizo honor a su sobrenombre, durante un largo reinado de 46 años. Sus mejoras sociales, culturales y de desarrollo industrial fueron notables. Relajó la disciplina de la corte y las duras condiciones del ejército prusiano. Reformó las leyes para proteger a los más débiles, y se preocupó de promover la ciencia y la cultura. Su corte estuvo poblada de intelectuales y artistas, entre ellos Voltaire, Kant y Juan Sebastián Bach, e incluso él mismo, demostró tener una especial sensibilidad para las artes, pues componía música, escribía ensayos y diseñaba planos arquitectónicos. También su intuitiva sensibilidad llegó a manifestarse en varios sueños proféticos  como este:

Una noche, el monarca alarmó a su ayuda de cámara gritando ¡fuego, fuego! en el transcurso de un sueño. Su criado al ver que estaba sufriendo una pesadilla se permitió despertarle. El rey se lo agradeció y le contó que estaba soñando con un día apacible, en el que contemplaba desde su palacio una inmensa vista panorámica que abarcaba todos sus territorios y también otras ciudades y países. Con sus ojos podía llegar tan lejos como quisiera, pero de pronto el cielo se ensombreció llenándose de nubes oscuras. Una estrella de fuego se abrió paso entre ellas, y cayó sobre la tierra provocando un incendio rápido y devastador. El fuego fue aniquilando los campos de cosecha, las ciudades y todas sus posesiones. El rey quedó convencido de que aquel sueño podría tener un significado profético, y anotó la fecha y la hora en que se produjo. Era la madrugada del 15  de agosto de 1769. Un tiempo después se supo que ese mismo día y a esa hora fue cuando nació Napoleón Bonaparte.    

 

 

El sueño de Mary Shelley y el monstruo de FRANKENSTEIN

Un ejemplo de lo fructífera y realista que puede llegar a ser una ensoñación, lo vivió la escritora inglesa Mary Shelley -creadora del monstruo de Frankestein- durante una estancia en Suiza. Ella misma relató -en una de las ediciones de su novela- las circunstancias que le llevaron a crear tan fantástico personaje.  “En el verano de 1816 -cuenta- visitamos Suiza y nos convertimos en vecinos de Lord Byron... Fueron unos meses de incesante lluvia que apenas nos permitía salir de casa... Unos libros de historias de fantasmas y misterios cayeron en nuestras manos y Byron tuvo una idea; nos propuso a los cuatro que solíamos reunirnos allí, escribir cada uno una historia de terror... Yo me urgí a mi misma inventar una historia que pudiese rivalizar con las de ellos, pero pasaban los días sin conseguir nada y aquella idea me quitaba el sueño... Una noche apoyé la cabeza sobre la almohada y mi imaginación me poseyó y me guió, dotando a las imágenes que surgían en mi mente de una intensidad que traspasaba el sueño. Pude ver  -con los cerrados- al pálido estudiante de artes diabólicas arrodillado al lado de aquel cuerpo yacente que había conseguido juntar, y entonces, bajo el poder de una enorme fuerza, aquello dio señales de vida y se agitó con un torpe, casi vital, movimiento... La idea fue tomando forma en mi cabeza de tal manera que incluso el miedo recorría todo mi cuerpo como un escalofrío, pero.... ya tenía pensada una historia”.

 

El sueño de Lewis Carrol  

Lewis Carrol fue el pseudónimo que el diácono inglés y profesor de matemáticas Charles L. Dodgson, utilizó para firmar sus libros de cuentos, siendo Alicia en el País de las Maravillas  el que más fama alcanzó de todos. Lewis fue también una de esas personas afortunadas que recordaban sus sueños con una nitidez asombrosa, quizás, porque padeciendo de insomnio pasaba noches enteras en estado de duermevela. El caso es que supo sacar buen provecho de sus aventuras oníricas, y puesto que sus sueños no eran premonitorios ni se hacían reales, decidió darles vida por su cuenta e incorporarlos a su realidad particular, inspirándose en ellos para escribir sus cuentos. Lewis comentaba que, a menudo, incluso en las más frías noches de invierno, se incorporaba de la cama a la hora que fuera, encendía una vela y escribía algún feliz pensamiento o ensoñación que había tenido y que de otro modo, probablemente, se habría perdido en el olvido.

En el cuento de Alicia en el País de las Maravillas, de todos conocido, abundan escenas y situaciones que parecen sacadas de un sueño, pero en otros cuentos posteriores como el de Alicia a través del Espejo, o el de Silvia y Bruno, todavía se da más esta tendencia, siendo el propio Lewis quien afirmaba que, en efecto, sus sueños eran su fuente directa de inspiración. 

 

 

El sueño de Dimitri Mendeleyed

El químico ruso Dimitri Mendeleyed, tras muchos meses de trabajo enfrascado en la tarea de calcular el peso atómico y las propiedades físicas y químicas de los elementos hasta entonces conocidos (1869), no acababa de establecer de una forma clara la conexión entre ellos, hasta que un sueño vino en su ayuda. Dimitri soñó  con una pared que tenía múltiples celdillas ordenadas a la vez por columnas e hileras, él en el sueño se limitaba a mirarlas, pero según las miraba iba en aumento la emoción e impaciencia que sentía. Al despertar, aquella imagen acompañada de la feliz sensación seguía en su mente y no tardó en llevarla a la práctica para sintetizar y ordenar de esa forma todos los datos que tenía. Así, surgió la Tabla Periódica de los Elementos, ordenados desde los metales hasta los gases nobles, a su vez por grupos (columnas) y por períodos secuenciales en relación a su peso y número atómico (hileras).

 

El diario de sueños de Frank Kafka

Al escritor checo de lengua alemana Franz Kafka, le gustaba analizar sus sueños y realizó un provechoso trabajo anotándolos en un diario que mantuvo durante varios años (con mayor intensidad entre 1912 y 1919). Este diario además de ayudarle a representar su fantástica vida interior, como él mismo decía, también fue fuente de inspiración para su obra literaria. En el primer libro que publicó Kafka en 1913 titulado Meditaciones, ya figuran algunos extractos novelados de sus sueños y símbolos personales, aunque quizás fue en una de sus obras más conocidas -La Metamorfosis-, donde su protagonista Gregor Samsa llega a convertirse en un gigantesco escarabajo, cuando más se mezclan, con ironía, sueño y realidad.

 

 

El sueño de Robert Louis Stevenson

Cuando se padece alguna enfermedad con prolongados estados febriles, o se está bajo el efecto de alguna medicación, es frecuente que se altere el mecanismo del sueño, y se produzcan sueños de gran realismo que se recuerdan con facilidad. Algunos de estos sueños, a pesar de que en su mayoría podrían considerarse pesadillas, fueron de gran utilidad para quien así soñó, como fue el caso del escritor inglés Robert Louis Steveson que soñó casi entero el argumento de su novela El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde.

Cuentan sus biógrafos que aquella noche se levanto de la cama y se puso a escribir como enloquecido y que, prácticamente, no paro de escribir durante tres días. Stevenson que padecía una enfermedad pulmonar, se había casado al poco de caer enfermo con Fanny Vandegrift, una extraordinaria mujer, once años mayor que él, que le dedicó exquisitos cuidados. Fanny le ayudaba en todo -también con la literatura-, de hecho junto a ella escribió otra de sus obras más populares: La isla del Tesoro.    

 

 

El sueño de Adolf Hitler

Hitler solía presumir de tener un sexto sentido y de estar protegido por la Providencia. En este sentido, una de las ayudas providenciales que más le impactó, fue la ensoñación que tuvo siendo todavía un joven soldado a las ordenes del ejército alemán. El hecho sucedió durante la I Guerra Mundial, mientras Hitler pasaba la noche resguardado en una trinchera junto a un grupo de compañeros. Cuando estaba descansando en estado de duermevela, soñó que caían sobre él montones de tierra, hierros y escombros, la boca se le llenaba de polvo y arena mientras oía una voz que, tajante y claramente, le decía: “levántate y sal de ahí”. Como un autómata se levantó y camino varios metros hasta salir de la trinchera. Poco después, un obús caía justo donde él había estado durmiendo y explosionó matando a todos los que aún estaban allí.

 

 

El sueño de Winston Churchill

Durante una época tardía de su vida y siendo ya primer ministro de su país, Churchill soñó en más de una ocasión que dibujaba el retrato de su padre, mientras éste posaba para él sentado en su sillón favorito. De esta forma, padre e hijo, mantenían en sueños conversaciones acerca de los acontecimientos bélicos y políticos del momento. El padre hacía preguntas que Winston contestaba exponiendo, a la vez, su visión de los hechos. Gracias a estos sueños Churchill reafirmo su autoestima, reforzando su propia seguridad y confianza a la hora de tomar decisiones difíciles.

 

 

El sueño de Richard Wilhelm

En el libro de “Recuerdos, sueños y pensamientos” de Carl G. Jung, el afamado psicólogo habla de su amistad con Richard Wilhelm, y dice: “Cuando conocí a Wilhelm parecía un chino auténtico, tanto en la mímica como en la escritura y en el lenguaje”. Y es que, efectivamente, Wilhelm marchó joven de misionero a China, y allí pasó veinte años. Cuando Jung le conoció en 1913, Wilhelm había terminado de traducir del chino al alemán el libro de oráculos más antiguo de la historia: el “I Ching”, un esmerado trabajo que publicó en 1924, y para el que Jung escribió el prólogo. Por otra parte, en su libro de recuerdos,  Jung relata también el sueño que tuvo Wilhelm antes de comenzar las traducciones del “I Ching”, y del “Tao Te King”. Se trata de un sueño en el que Wilhelm se encuentra con un anciano que se ofrece a iniciarle en el misterio de la “Montaña Sagrada”. Poco tiempo después en efecto, el misionero conoció al viejo maestro Lau Nai Suan, y entre ambos surgió una gran amistad, fruto de la cual, nacieron las traducciones.  Wilhelm, sin duda tuvo un sueño profético que le revelaba el descubrimiento de un misterio. Pero también es significativo que ese misterio se ocultara bajo el nombre de la “Montaña Sagrada”, ya que en sueños la montaña simboliza la elevación espiritual y superación personal a la que se llega tras un largo camino. Y traducir el I Ching, adaptándolo a la comprensión occidental, representó para Wilhelm doce años de trabajo.

 

 

El sueño Robert Oppenheimer

Conocido como “el padre de la bomba atómica, Oppenheimer, físico estadounidense y consejero de Estado, tuvo un papel fundamental en la culminación de la Segunda Guerra Mundial, pues...  desde 1941 estuvo al frente del Proyecto Manhattan que, en el más alto secreto, se ocupaba de la fabricación de la primera bomba de plutonio. La prueba experimental de la bomba fue realizada en julio de 1945, en Alamogordo (Nuevo Mejico), pero se realizó unos días más tarde de la fecha prevista, ya que durante la noche del día anterior a la prueba, Oppenheimer tuvo un sueño literal en el que se dio cuenta de un error en sus cálculos que podía tener fatales consecuencias, ya que la profundidad prevista para contener la explosión podía provocar un agrietamiento en cadena del subsuelo. Puesto al habla con el presidente Truman, Oppenheimer consiguió posponer la fecha de la prueba y corregir el error detectado. No obstante, unas semanas después, el 6 de agosto, la bomba -ya operativa- fue lanzada sobre Japón produciendo igualmente fatales consecuencias y horribles secuelas, con la destrucción de dos ciudades y la muerte de más de cien mil personas.

 

 

El sueño sincrónico de Carl G. Jung

La sincronicidad se produce cuando se sueña con un acontecimiento que en ese momento está ocurriendo en la realidad. Las escenas del sueño no llegan a reproducir exactamente la situación real, ya que no se trata de un sueño de premonición, pero si reproducen, de una forma a veces espectacular, los detalles más significativos de lo que está pasando.

Entre los numerosos sueños sincrónicos que Jung fue registrando en el trato con sus pacientes, destaca uno que pudo experimentar personalmente: Soñó Jung que algo le golpeaba en la cabeza, primero en la frente y después en la parte posterior. El sueño fue tan vívido que se despertó de inmediato con la certeza de que se le había caído encima algún objeto, pero no fue así, todo estaba en orden y no le había ocurrido nada. El sueño fue impactante, pero no pudo encontrar la explicación exacta hasta que, al día siguiente, le llegó la noticia de que un paciente suyo se había suicidado pegándose un tiro en la frente. Al preguntar la hora de lo sucedido, pudo comprobar que fue la misma en que se despertó sobresaltado al sentir su cabeza golpeada.

 

 

Los sueños de Luís Buñuel

Este genial cineasta que nació en febrero de 1900 en Calanda (Teruel), se instaló con 17 años, para cursar la carrera de ingeniero agrónomo, en una madrileña residencia de estudiantes, donde hizo amistad, entre otros, con Salvador Dalí y Federico García Lorca. Animado por estas compañías, no tardó en descubrir su verdadera vocación y, dejando Agrónomos, acabó licenciándose en Filosofía y Letras.  Buñuel nunca ocultó la importancia que daba a sus sueños, cómo se refleja en el siguiente extracto de una entrevista que le hicieron en Méjico: “... esta locura por los sueños, por el placer de soñar, que nunca he tratado de explicar, es una de las inclinaciones profundas que me han acercado al surrealismo”.

Los sueños de una forma u otra aparecen en toda su filmografía (casi una treintena de películas). Pero, posiblemente donde las secuencias oníricas adquieren especial importancia, es en uno de sus primeros trabajos: “Un perro andaluz” rodada en Francia en 1928, y considerada como uno de los iconos surrealistas de la época. Buñuel cuenta que este film surgió de la confluencia de dos sueños, uno propio y otro de Salvador Dali. Buñuel soñó que miraba la Luna Llena y una nube la cortaba cono si fuera un cuchillo, y  Dali  había soñado con una mano llena de hormigas, Ambos se contaron sus respectivos sueños y decidieron partiendo de estas imágenes hacer un guión para cine. Seis días después ya lo tenían escrito.

 

 

El sueño de Marilyn Monroe

Durante una temporada, cuando Marilyn empezaba a cosechar sus primeros éxitos en la pantalla, soñaba que entraba en una catedral donde había un gran número de feligreses mirando hacia el altar mayor. Ella avanzaba despacio por el pasillo central y observaba cómo todos volvían la cabeza para mirarla, incluso los que estaban en los primeros bancos. Sus rostros eran amables y expectantes, sólo se oía el sonido de un órgano lejano y ella, según contaba, se sentía como una diosa. El éxito y la fama posterior, seguramente, le dieron motivos para sentirse así, tal como le anunciaba este sueño recurrente y placentero.

 

 

Los  Beatles  y sus sueños

Tanto John Lennon, como Paul McCartney y George Harrison, soñaron a lo largo de su trayectoria musical con melodías que, en algunos casos, han llegado a ser canciones de gran éxito. John Lennon contaba que antes de componer la canción de Imagine, había soñado sus acordes. George Harrison también soñó con una canción que luego compuso, se trataba de My Sweet Lord, pero en este caso no hubo suerte y tuvo que retirarla de la discografía del grupo al comprobar que ya existía otra melodía prácticamente igual. Paul McCartney también tuvo una experiencia de inspiración onírica con la canción de Yesterday. Contaba Paul que una noche se despertó recordando claramente una melodía que surgió en un sueño. Se levantó y fue al piano para grabar los acordes y así no olvidarlos, más tarde le asaltó la duda de que podía ser un recuerdo inconsciente y resultar un plagio si la comercializaba, por lo que durante semanas estuvo buscando “otra posible paternidad” en distintas productoras, pero al no encontrar ninguna referencia anterior, finalmente hizo los arreglos y la letra que ahora conocemos. Años después un compositor italiano reconoció en ella una canción popular napolitana del siglo XIX, pero para entonces el éxito de Yesterday ya era imparable.